CÁPSULA NAVAL
Por: Homero Luis Lajara Solá
En el mar y en tierra firme, el timón de un buque o de una base naval lo lleva el Comandante.
Todo lo que ocurre a bordo, desde el más mínimo error hasta el mayor acierto, recae sobre sus hombros. La autoridad puede delegar, pero la responsabilidad jamás abandonará al superior.
Un comandante debe ser meticuloso, preciso, y jamás debe firmar sin leer atentamente el contenido.
Cada firma en un oficio o memorando es una autorización y aprobación, no solo del contenido, sino de su redacción y ortografía.
Una coma mal puesta, un concepto mal expresado, y sobre todo una falta de cortesía o de respeto, puede comprometer la integridad institucional.
Nada debe pasar por sus manos sin pasar bajo su lupa y su criterio. Quien manda debe saber leer entre líneas, prever tempestades y corregir el rumbo antes del naufragio.
Cuando un marinero camina sin su gorro reglamentario fuera de techo, el problema no es del marinero: es del comandante que no exige y del oficial que no enseña.
Cuando un subalterno no saluda a un superior, no está fallando solo él: han fallado su instructor, su jefe inmediato y la cadena de mando que no forjó en él ese hábito de respeto naval.
Un oficial que culpa a sus subordinados por errores de mando, ha olvidado lo esencial del uniforme: que la primera responsabilidad se despliega desde arriba.
El mar no perdona improvisaciones. Tampoco lo hace el liderazgo. En la Armada, la disciplina empieza por el ejemplo. Y el ejemplo lo hace por la responsabilidad inquebrantable del que comanda.
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