CÁPSULA NAVAL
Por: Homero Luis Lajara Solá
En el siglo del ciberespacio y la guerra informativa, el manejo de crisis y disturbios civiles ha dejado de limitarse a barricadas y escudos.
Hoy, el verdadero estruendo no viene del disparo de un cañón ni del tableteo de las ametralladoras, sino del impacto silencioso y demoledor de una publicación viral en redes sociales.
Esta nueva dimensión del conflicto exige que el marino del milenio sea entrenado no solo en la maniobra del timón o el combate cuerpo a cuerpo, sino en la navegación estratégica de las corrientes digitales, donde un mensaje mal dirigido puede hundir más que un torpedo.
Así como en la mítica batalla de Salamina, donde el genio estratégico de Temístocles se convirtió en un aparente retroceso en victoria, hoy más que nunca se requiere que nuestros comandantes comprendan que el conocimiento, la preparación y la visión táctica son el ancla firme ante la tormenta de la desinformación y el caos emocional que a veces —por falta de entrenamiento— es alimentado involuntariamente por el almirantazgo.
La seguridad nacional y la ciudadana no se garantizan únicamente con buques en el mar, sino con mentes lúcidas al timón.
Hay que formar líderes que sepan prever, contener y comunicar, con firmeza y claridad, guiados por el interés supremo de la patria.
Ya no hay espacio para improvisaciones ni nombramientos por compromisos ajenos al interés nacional.
No se puede seleccionar a los comandantes por simpatías o nostalgias. Se necesitan oficiales forjados en la fragua del cuartel, curtidos en la disciplina y guiados por la brújula de los valores.
Que no nos pase como a Jerjes, que viendo arder su flota desde lo alto, comprendió demasiado tarde que el mar se respeta, y que solo con comandantes de vocación, visión, pasión y temple se evita el naufragio de la nación.
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