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martes, 25 de marzo de 2025

La doctrina del mando correcto establece que un líder no es aquel que solo ordena, sino aquel que inspira confianza y dirección.




Cápsula Naval MA25

Por: Homero Luis Lajara Solá 

En las noches más oscuras, cuando el mar se enfurece y la tormenta amenaza con hacer zozobrar cualquier embarcación, los marinos buscan un punto fijo en el horizonte: el faro. 

No es el más fuerte ni el más veloz, pero es el que guía, el que da rumbo y esperanza. 

Así debe ser el comandante: un faro para su tripulación, no una tormenta que aumente la confusión.

La doctrina del mando correcto establece que un líder no es aquel que solo ordena, sino aquel que inspira confianza y dirección. 

Un comandante que actúa con justicia, que no toma decisiones arbitrarias ni impulsa a su tripulación al caos, se convierte en un faro de estabilidad dentro de su unidad.

 La claridad en la toma de decisiones es el timón que mantiene el barco en su curso.

Por otro lado, el naufragio ocurre cuando el comandante pierde el control de su nave, ya sea por ego, por miedo o por incapacidad de leer correctamente la carta náutica. 

Un líder que se aleja de su tripulación, que solo impone sin escuchar, que permite la injusticia dentro de su estructura, está condenado a que su tripulación lo vea como un capitán sin rumbo. 

Y cuando la confianza se pierde, la disciplina se resquebraja y el naufragio institucional se vuelve inevitable.

El mando correcto exige decisiones firmes, pero justas; disciplina, pero con honor. 

No se trata de castigar por castigar, ni de imponer obediencia por miedo. 

El comandante sabio entiende que la verdadera fortaleza de su tripulación no está en el silencio forzado, sino en la lealtad genuina.

Si el líder se convierte en un faro, su tripulación lo seguirá con convicción. 

Si se convierte en una tormenta, solo generará temor y caos. 

En la doctrina de las armas, el liderazgo no es un privilegio, sino una responsabilidad. 

La diferencia entre un barco que llega a puerto y uno que se hunde está en la capacidad de su comandante para tomar decisiones correctas, incluso en la peor tempestad.

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